05 dezembro 2021

rocío soria


Las antiguas de mí misma

 

Las antiguas de mí misma

deben haber muerto

en fibras blancuzcas,

en aserrines

tropezándose en sus mismos pies,

ahorcándose en sus propios brazos.

 

Las otras de mí

deben haberse contenido el peso de las pupilas

en los pañuelos de sangre,

deben haberse colgado en el muro

a desgajarse el pellejo en las piedras.

 

Encuentro que estoy hecha de fríos

como las otras

lo sé porque el dolor de vivir

se me ajusta a la espalda

y me circula como un hematoma negro.

 

Voy oscura, descalza

como si ya me hubiera unido a las sombras para siempre

como si ya hubiera vivido siempre

trago cuchillos,

me deleito sorbiendo agua sal por las ternillas

hasta llenarme el estómago,

hasta volverme cianótica.

 

El dolor es una especie de éxtasis:

lloro detrás de la cortina

y me gusta cómo mis lágrimas se van espesando.

Es como ingerir solvente.

 

¿Hasta cuándo podré reír?

no puede existir un placer tan gratificante

como el dolor que me abunda.

 

¿Cuánto fuego podré tolerar?

 

Estoy hecha de eritemas

como quien guarda alacranes en el cajón

y se los traga

y deja que lo piquen hasta hacerse inmune.

 

No hay poción, ni raticida para el dolor

solo me queda apretarlo hasta que de tanto apretar

me vuelva insaciable.

 

Sin embargo

hoy no estás y eso sí es insalvable

es una nueva mutación del dolor.

Las otras de mí deben haberse colgado en el muro

y despellejado en las piedras.

 

 

As antigas de mim mesma

 

As antigas de mim mesma

devem ter morrido

em fibras esbranquiçadas

em serrins

tropeçando nos próprios pés

enforcando-se nos próprios braços.

 

As outras de mim

devem ter contido o peso das pupilas

em lenços de sangue

devem ter-se pendurado no muro

esfolando a pele na pedras.

 

Dou conta que estou feita de frios

como as outras

sei disso porque a dor de viver

ajusta-se-me nas costas

e circula em mim como um hematoma negro.

 

Vou escura, descalça

como se já me tivesse unido às sombras para sempre

como se sempre tivesse vivido

engulo navalhas,

deleito-me sorvendo água sal pela cartilagem

até encher o estômago,

até ficar cianótica.

 

A dor é uma espécie de êxtase:

choro atrás do cortinado

e aprecio o modo como as minhas lágrimas se espessam.

É como ingerir solvente.

 

Até quando poderei rir?

não pode existir um prazer tão gratificante

quanto a dor que me abunda.

 

Quanto fogo conseguirei tolerar?

 

Estou feita de eritemas

como quem guarda escorpiões no caixote

e os traga

e os deixa picar até se tornar imune.

 

Não há poção nem raticida para a dor

só me resta espremê-la até que de tanto a espremer

me torne insaciável.

 

Porém

hoje não estás e isso é insuperável

é uma nova mutação da dor.

As outras de mim devem ter-se pendurado no muro

esfolando-se nas pedras.