28 outubro 2019

diana garza islas



21

En cada caja están sus órganos. Hay piedras a las que les basta su raíz. Hay los fotogramas extraídos, hay la serenidad. La palabra invertida, de su serenidad. Hay una cinta para medir el panorama. Es amarilla, como el lugar donde imaginé, y logramos hallar, pequeñas agujas óseas. La bala al fondo. A la orilla, su mirada ardiéndome, el cráneo superpuesto al cariz.

El melancólico esposo desde las alturas. Ásperas bolitas a la izquierda. Y todas las cosas que aquí no digo porque ya son.

Brillos nacarados del mismo color de lo que crece, y crees ver: escalas puntiagudas en el perímetro nacido de la lengua. Un cuerno extraviado corona y mira, mucho más allá, las rendijas bajo los cielos. La palabra Brandemburgo brilla, encaramada en una lámina fotogénica, otra vez desde el bosque. O es algo más doméstico, incluso pornográfico.

Finalmente, las manos huesudas y olvidadas de papá, a las que nunca les gustó la sombra.

[El reflector redondo del dentista sugerirá nuevas sospechas de ello.]


21

Em cada caixa estão os seus órgãos. Há pedras para as quais é suficiente a sua raiz. Há os fotogramas extraídos, há a serenidade. A palavra invertida, da sua serenidade. Há uma fita para medir o panorama. É amarela, como o lugar que imaginei, e conseguimos encontrar, pequenas agulhas ósseas. A bala ao fundo. Na margem, ardendo, o crânio sobreposto à matiz.

O melancólico marido das alturas. Ásperas bolinhas à esquerda. E todas as coisas que aqui não digo porque já o são.

Brilhos nacarados pela mesma dor do que cresce, e acreditas ver : escalas pontiagudas no perímetro nascido da língua. Um corno extraviado coroa e olha, muito mais além, os buraquinhos sob o céu. A palavra Brandemburgo brilha empoleirada numa lâmina fotogénica, outra vez desde o bosque. Ou é coisa mais doméstica, mesmo pornográfica.

Finalmente, as mãos ossudas e esquecidas do papá que nunca gostaram da sombra.

[O holofote redondo do dentista sugerirá novas suspeitas de tal.]