23 agosto 2016

jared hernández


del Rocío

I
La he visto fumar hasta el cansancio,
sentada en el inodoro esperando como yo,
esperando a que salgas de tu baño eterno,
en el que siempre te suicidas pero
en el que nunca mueres.

Ignórala un momento.
He llenado la cocina de humo
¿lo hueles?
puse carne en la sartén,
la carne que perdí,
por esperar, por rezar.

Te hallas en un cuarto que no besa tu nombre
y continúan cayendo lechosas perlas de tus pezones
en otras bocas, en otros ojos,
en otros ojos.

Deja tus coqueteos con la Muerte,
ella sólo acudió por invitación tuya.
¡alí
aliméntame
aliméntame ahora!

II
Hermoso caos en que flotas,
como el útero que habitaras,
de ti nace todo el universo y a ti regresa,
golpeándote de pan el vientre.
Estatua de sal, Mujer.

A tu cuerpo de venus
me ceñía,
te atreviste y me amaste,
halo eviterno en que una a otra nos
engendramos, brotando del
arvejal, meramos.
Anudarías nuestros pies
al hilo materno.
Divino y Maldito.

Recuerdo mirar tus baños de tomillo
cómo el agua “tímida y chiquita”
te acariciaba las formas en su ritual de adoración.
Igual te adoraba.
Te adoro.

Te cuento la historia de una niña en una
fotografía que encontré en la biblia.
Eres tú: pero ya no te pareces a ti.

¡Mamá! : eres una tan pequeña,
llevas algunos rizos colgando de tus manos,
mientras los otros agonizan tendidos sobre
el jardín.
¡Dime quien! ¿Quién
los ha cortado?

Me hubiera dejado comer mil veces los dedos;
¡estos dedos!
por traer al hombre aquel
a quien amaras.
Como yo te amo.

do Rossio

I
Vi-a fumar até à exaustão,
sentada no inodoro esperando como eu,
esperando que saias do teu banho eterno,
onde te suicidas sempre mas
no qual nunca morres.

Ignora-a por um instante.
Enchi a cozinha de fumo
Estás a cheirar?
pus carne na sertã.
a carne que perdi,
na espera, na reza.

Estás num quarto que não beija o teu nome
e continuam a cair leitosas pérolas dos teus mamilos
noutras bocas, noutros olhos,
noutros olhos,

Deixa o teu glamour com a Morte,
ela só apareceu porque a convidaste.
alimenta-me
alimenta-me agora!

II
Formosos caos onde flutuas,
como o útero que habitasses,
nasce de ti todo o universo e a ti regressa,
atacando-te de pão e ventre.
Estátua de sal, Mulher.

Ao teu corpo de Vénus
me cingia,
ousaste e amaste-me
auréola sempiterna em que uma à outra nos
engendramos, brotando da
alfarrobeira, mesclamos.


Enlaçarias os nossos pés
ao fio materno
Divino e Maldito.

Lembro-me de ad-mirar os teus banhos de tomilho
como a água “tímida e pequenina”
te acariciava as formas no seu ritual de adoração.
Do mesmo modo te adorava.
Te adoro.

Conto-te a história de uma miúda numa
fotogarfia que encontrei na bíblia.
És tu: mas já não és parecida contigo.

Mamã: és tão pequena
trazes alguns cachos a cair das tuas mãos,
enquanto os outros agonizam estendidos sobre
o jardim.

Diz-me quem! Quem?
os cortou?

Teria deixado que me comessem mil vezes os dedos;
estes dedos!
para trazer esse homem
a quem amaste
como eu te amo